Concienciación ciudadana

José María Beltrán Gómez

Cuando se tratan de temas de ahorro de energía muchos de nosotros tendemos a pensar únicamente en la generación de electricidad a gran escala y en las aplicaciones industriales de la misma. Sin embargo, se conoce que es en otros sectores, especialmente en el transporte y en el residencial y terciario, donde los esfuerzos por consumir menos energía, y una energía con un menor impacto ambiental, son más necesarios que en la propia industria. Por ello, los ciudadanos tenemos que tomar conciencia de la gravedad de la situación energética y asumir como inevitable una profunda reforma de nuestros hábitos. El uso del transporte colectivo, el ahorro en los consumos de energía y agua en nuestros hogares, la instalación de energía solar para la calefacción y el agua caliente, la compra de los biocarburantes para nuestros vehículos, el aislamiento de nuestras viviendas y la selección de nuestros electrodomésticos, en función del consumo energético, o la compra de “energía verde” son sólo algunos de los criterios que debemos ir incorporando a una “conciencia energética” que debe llegar a todos los habitantes del planeta.
Claro está, para que esta cultura individual medioambiental tenga algún resultado visible debe ir acompañada por una serie de políticas de ahorro y eficiencia en el consumo energético que favorezcan la reacción ciudadana: información a los consumidores, tarifas que permitan el ahorro y castiguen los excesos, liberalización de las empresas productoras y comercializadoras, medidas de eficiencia energética de los edificios, etc.
Según un estudio realizado por el grupo Conseur, al que pertenece la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), una cuarta parte de los hogares mantiene la temperatura de la calefacción por encima de los 22 grados, la mayoría no utilizan lámparas de bajo consumo o desconoce la clasificación energética de sus electrodomésticos, y dos de cada diez españoles reconoce que no siempre apaga la luz al salir de una habitación.
Aunque la actuación de mayor importancia que hay que acometer y de mayor urgencia, y base de este trabajo, es la potenciación de la educación ambiental en todos los niveles de la enseñanza reglada. Se deben de llevar a cabo actuaciones con el compromiso y la complicidad de todos los ciudadanos, ya que de no hacerlo así nos encontraríamos con un fracaso rotundo en cada iniciativa que se emprendiera en la sociedad. En el terreno de la energía, lo mismo que en cualquier otro que afecte al medio ambiente, es imprescindible la formación, la concienciación hacia una cultura de ahorro energético que, desde luego, debe implicar a las grandes empresas, pero también a todos los ciudadanos.
En definitiva y para que la implantación de las energías renovables sean en un futuro cercano una realidad, se debe de comenzar, primeramente, sobre la concienciación ciudadana, y para ello, nuestro punto de inicio debe de ser la escuela. Se debe proponer la transversalidad del tema de la energía desde las primeras etapas de formación de las jóvenes generaciones, pues es donde se gestan y arraigan los valores que marcarán su comportamiento. Paralelamente, hay que prever actuaciones para el resto de la población, de manera que el ejemplo de todos sea el germen de una mayor sintonía con la conservación de la Naturaleza.

3 comentarios

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